jueves 19 de noviembre de 2009

La fanega

Hace meses que mis pasos apenas salen de la misma fanega. Ando arriba y abajo, en diagonal, en perpendicular, en zig zag o caóticamente, pero siempre dentro de los mismos límites: los que se extienden desde el final de mi calle (La Feria) hasta la esquina del Ayuntamiento (San Pablo) de Sur a Norte, o entre el bar Correo (Las Tendillas) y la plaza de la Corredera de Este a Oeste.

No sé si su superficie será una fanega (a saber, unos 6.440 metros cuadrados en la Andalucía rural), supongo que mucho más, pero produce la agradable sensación de los límites de algo parecido a un hogar. Será porque vivo y trabajo en el interior de esa fanega, será porque dentro existen un puñado de bares en los que siempre estoy, será porque es un sitio bonito, porque tengo ganas de ser de aquí o porque el hombre es un animal territorial. El caso es que me paso tres cuartos de vida encerrado en una especie de isla sin mar, en un lugar del que podría salir sin problemas, pero es un sitio que ahora me gusta demasiado.

miércoles 4 de noviembre de 2009

Hipnosis

Hace 15 minutos, tuve diez minutos en blanco. Diez minutos rasgados por el crujir de una impresora, por la pantalla de un ordenador y por una ventanita que se abre al Norte y al Sur. Desde esa ventanita, se ven muchas cosas. Apoyo mis codos en el alféizar, como el que amanece a un nuevo día y sonrío. Me gusta lo que veo.

miércoles 21 de octubre de 2009

Una verdad en blanco y negro


“No soy un periodista comprometido, sino un periodista”. Su pelo es en blanco y negro, como sus fotos. Su rostro, común, desapercibido. Sus ojos son vivos, pero hay que mirar muy adentro para saber que en verdad son los ojos de la guerra. Sus pasos han resonado por las nuevas losas del Palacio de Orive. Ha dejado huellas en forma de imágenes, y antes de marcharse de la ciudad en la que nació le arrancó la cabeza a un par de títeres (políticos del PP y del PSOE) que no tuvieron más remedio que mirarse los zapatos y susurrar que, esta vez sí, la verdad es incontestable.
Gervasio Sánchez es un periodista cordobés. Sí, probablemente el mejor y también el que más alejado está de la ciudad. Sus ojos se han puesto rojos de la pólvora, la sangre y las lágrimas del que ha estado en 100 guerras y no se ha vuelto un insensible. Del que ha estado allí porque su trabajo consiste en contar lo que ve y en contárselo a los que nunca lo ven. Gervasio Sánchez se fue a las guerras a mediados de los 80, y no en busca de una aventura que contar en bares. Hace días, paseó por Córdoba, dejó un puñado de fotos en el Palacio de Orive y aprovechó para reiterar que si el PP hizo la vista gorda con la venta de armas de España a países en guerra, el PSOE ha llegado a implementar incluso la financiación del Ministerio de Defensa gracias a un negocio de escasa limpieza como son las bombas de racimo. Y eso, ante docenas de fotos en blanco y negro de personas mutiladas por culpa de la guerra, hacen indudables unos argumentos que servidos sin anestesia en el salón de una casa son capaces de mover opiniones públicas.
Parodiando al bronceado Eduardo Zaplana en uno de sus demagógicos alegatos de oposición (“no seré yo el que diga, señor Zapatero, que su Gobierno miente”), no seré yo el que denuncie que el periodismo se ha convertido en una impostura, en una profesión acomodada, cobarde y secuestrada por los negocios. Un lugar en que no hay cabida para la reflexión, sino para el impacto de noticias de fuegos artificiales, que se diluyen en cinco segundos. Un sitio en el que lo importante no es contar, sino vender más que nadie. Un paraje en el que lo interesante prima sobre lo importante. Un negocio en el que se trata a ese ente llamado opinión pública como si más de media humanidad fuera retrasada mental es mucho. Ya no es país para viejos como Gervasio, que pese a todos los codazos sigue haciendo lo que debe. Periodismo.

Fdo: Triple A.

** Señoras, señores, lectoras, lectores, ciudadanos, ciudadanas, periodistas, periooo... En fin, amigos todos. Agropensamientos no se muda, pero sí que se duplica. Ésta será la primera entrada que se vea escrita en un papel y no a través de los pixels de un ordenador. Seguiremos aquí, pero también estaremos allí. Informaremos puntualmente.

*** Por ser la primera colaboración, me ha salido algo supermoña. No me lo tengáis en cuenta.

**** La próxima vez que os vea, os regaleré una cita con un oculista por si tenéis problemas a la hora de leer la letra pequeña, que, como siempre, es la que contiene las cosas importantes de la vida (¿?)

jueves 15 de octubre de 2009

Finales abiertos (5)

Esta mañana, nos hemos cruzado en una plaza. De lejos, te he visto mirar el reloj y correr hacia un autobús repleto de gente incompleta. He tardado diecisiete segundos en decidir que ni siquiera me apetecía enviarte un mensaje. A este paso, Alemania también perderá la Tercera Guerra Mundial.

lunes 12 de octubre de 2009

Inmortal


"Jamás te dije que éramos inmortales, ¿porqué te fuiste antes de que te lo dijera?".


Llevo todo un puente escuchando la misma canción y haciéndome la misma pregunta. ¿Porqué? Esa pregunta no tiene respuesta al igual que la mortalidad no tiene solución. ¿Porqué?

jueves 1 de octubre de 2009

Los granados asesinos


Dos meses después, volví a lo grande. Mi padre acababa de echar hormigón para que la entrada a la casa no se convierta en un barrizal parecido al área chica del área pequeña de un campo de fútbol. No lo vi, o lo vi demasiado tarde, cuando el coche patinaba y se cuadraba con un trompo cani. Tras un minuto y medio de voces, me tuve que remangar y, palaustre en mano, arreglar el estropicio.

Llevaba dos meses sin pisar la huerta y los animales ya no me conocían. Los becerros, cada vez más gigantes, me miraban como cada vez que llega el camión que se lleva a uno al matadero. El gato culturista, ese al que tanta gracia le hizo a Edgar Allan Borch, había muerto en las fauces de un galgo abandonado. De las 200 gallinas que recordaba, sólo medio millar había sobrevivido a los estragos del verano.

Pero los granados seguían allí, con el mismo tronco imposible de hace 300 años (una antigüedad certificada por un biólogo que les contó los nudos). Seguían allí como siempre y como yo no los recordaba: con unas ramas afiladas que defienden a sus granadas como lanceros de los Tercios españoles. Está claro, me hice sangre.

domingo 27 de septiembre de 2009

Music go music



Será una segunda juventud, pero ahora disfruto de la música más que nunca. ¡Maldición! ¿Me estaré convirtiendo en un moderno sin darme cuenta? ¿Porqué ahora? ¿Porqué me enferman esos labios rojos, ese estilo vintage? ¿Porqué me gustará ponerme camisas de cuadros y zapatillas Converse? ¡Dios! ¿Porqué me duelen tanto los riñones hoy?

* Los de la fotico son We are standard (Nosotros somos normalicos, en traducción libre). Su cantante es un cretino, "pero es un cretino genial". Su música, electrizante. Su doble batería, contundente. (http://www.youtube.com/watch?v=ah5Y_8gUv70).